Publicado originalmente en Innovación Audiovisual

Los creadores de historias normalmente buscamos generar una emoción en el público a través de la empatía con los personajes. Sin embargo, cuando nos planteamos desarrollar experiencias inmersivas, el espectador se vuelve un sujeto activo, se vuelve el protagonista de la experiencia, y por lo tanto, las emociones que buscamos convocar han de despertarse de manera directa y no a través de las historias de terceros.

Por ello, debemos de valernos de los mecanismos a través de los que el ser humano percibe su realidad para desencadenar reacciones. Uno de los elementos más básicos y efectivos para ello es la proxémica. Estudiada por Edward T. Hall, esta disciplina de la semiótica trata de entender el papel que juega el espacio que rodea a los individuos en términos de comunicación.

La proxémica se centra en analizar los diferentes espacios y distancias que rodean nuestro cuerpo, y en los cuales se desarrollan los diferentes encuentros sociales. Si estamos creando una arquitectura transmedia a través de diferentes canales o una experiencia inmersiva (tanto física como virtual), es interesante tener en cuenta estas cuatro distancias:

  • Distancia pública: En el espacio real es a más alejada de nuestro cuerpo, y es la que utilizamos para dirigirnos a un grupo de personas, para que todos nos vean y nos oigan. Es la más neutra e impersonal, y su réplica online serían las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram…) donde los individuos “gritan al aire” a una masa indefinida buscando atención.
  • Distancia social: Es la distancia con la que tratamos con individuos con los que no tenemos relación amistosa, pero con los que sí que tratamos a nivel individual. En esta distancia en el uso de plataformas, estaríamos hablando de grupos más pequeños afines por intereses (Grupos de Facebook o foros), redes profesionales (LinkedIn) y comunicaciones uno-a-uno de carácter no personal (emails).
  • Distancia personal: Este es el espacio que reservamos para la gente cercana, amigos, compañeros, familiares, donde se tratan asuntos de una manera más distendida y personal. A esta distancia, corresponderían plataformas en la línea de WhatsApp o Messenger, o medios más tradicionales como SMS.
  • Distancia íntima: En la proxémica, este es el espacio más cercano a nuestro cuerpo, a escasos centímetros de nuestra piel. Obviamente, se reserva esta distancia a personas muy importantes. En la traslación al storytelling, lo reservaríamos para objetos físicos (por ejemplo, cartas manuscritas) o incluso hoy en día, las llamadas de teléfono. Cualquier tipo de comunicación con contacto físico (involucrando actores que se acercan al espectador) o que suponga gran personalización entraría en esta distancia.

Según la proxémica, también varía cómo utilizamos estos espacios y las concesiones que hacemos varían según ciertos factores:

  • Con qué persona estamos tratando: no es la misma la distancia íntima con mi hermano que con mi pareja.
  • En qué lugar nos encontramos: la distancia social se reduce en un ascensor, por ejemplo.
  • En qué situación nos encontramos: en una consulta al médico dejamos a un desconocido entrar en nuestra distancia íntima.

 

Cómo generar emociones usando la proxémica

El gran poder de la proxémica es que opera en cada uno de nosotros a niveles incluso inconscientes. Es uno de nuestros vestigios animales de territorialidad, y aunque tiene cierto componente cultural (los latinos aceptamos más la cercanía), cuando hay composiciones no habituales en estas distancias, intentamos reestablecerlas para volver a nuestra zona de confort.

Es por ello por lo que son una herramienta valiosa de la que nos podemos valer para generar reacciones inmediatas en nuestro público. Aquí va una tanda de ideas:

  1. Transitar a través de las diferentes distancias: en una historia que se cuenta a lo largo del tiempo, puede ser interesante realizar
    • Acercamientos: un personaje se da a conocer al espectador en un espacio público (en una red pública o en un discurso) y va buscando la cercanía del espectador acercándose a través de las redes o el espacio hacia su espacio íntimo (comienza a escribirle por SMS). Aparte de dar profundidad a los personajes, genera vínculos de confianza y empatía.
    • Distanciamientos: encuentros y revelaciones que se producen en el espacio íntimo son reveladas y amplificadas en el espacio público, lo que genera sentimientos de vulnerabilidad y exposición (como la revelación no autorizada de confesiones en Twitter de bodymindchange)
    • Saltos: cualquier movimiento inesperado entre espacios genera extrañeza o incluso miedo. Por ejemplo, en realidad virtual, personajes que aparecen ante nosotros a una distancia social pero de pronto comenzamos a escuchar por detrás a una distancia íntima.
  2. Vulnerar las normas tácitas de esos espacios: cuando planteamos situaciones que no siguen las normas en el uso de los espacios, esto genera un interés inmediato, ya que el espectador se pregunta sobre el porqué de esta vulneración. Un ejemplo sería un personaje al que apenas conocemos que nos confiesa haber sufrido abusos de pequeño en un post en Linkedin, o cuando un personaje que no conocemos de nada nos susurra al oído algo tan impersonal como una receta de gazpacho.
  3. Alterar los factores que generan la concesión: Como mencionamos antes, los permisos que damos para el uso de las distancias cambian según los distintos factores, así que si ejercemos cambios inesperados, genera reacciones emocionales. Esto ocurre si nos damos cuenta de que una persona con la que hablamos en WhatsApp (un amigo) no es quien dice ser (es realmente un asesino); o si en una experiencia de VR nos hacen creer que estamos pegados a mucha gente porque estamos en una discoteca (cesión consciente de mi espacio) pero realmente estamos en una celda atestada de presos (cesión forzada de mi espacio).
  4. Incluir el componente temporal: Además del espacio, el tiempo juega un papel fundamental en el uso de los espacios. Hay ciertas distancias que si son vulneradas en determinados momentos generan un impacto incluso mayor. Este sería el caso de una experiencia transmedia en la que un personaje que pertenece al espacio público (un narcotraficante conocido) comienza a llamarnos por teléfono a las 3 de la mañana para asignarnos una misión.

Estas son solo unas cuantas ideas que permiten ahondar en el componente inmersivo de nuestras historias, y que dan mucho juego a los creadores a la hora de plantear una experiencia a través del tiempo. Al fin y al cabo, como dijo McLuhan, el medio es el mensaje, y la elección de las distancias a las que contamos una historia se convierte en parte de la comunicación no verbal de nuestros personajes. De este modo, nos volvemos conscientes de que es importante lo que dices, pero también desde dónde me lo dices.

Imagen: Ryoji Iwata, Unsplash

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